SOBRE LA GUERRA

10 de marzo de 2026

Este artículo ha salido en primer lugar y en catalán en: https://revistasao.cat/sobre-la-guerra/

Sábado 28 de febrero, al saber que Netanyahu y Trump habían atacado Irán por el aire, recordé a Clausewitz y su libro De la guerra.

¿Qué es una guerra?
Según Clausewitz, un combate singular amplificado.
La expresión «combate singular» designaba en el pasado un duelo individualizado entre dos personas —a menudo, campeones que representaban a bandos opuestos— que ocurría dentro del contexto de una batalla mayor. Tenía lugar en tierra de nadie y, mientras tanto, el resto del ejército observaba su desarrollo, ya que podía servir para decidir el resultado de una contienda.
Sus características principales eran: un enfrentamiento individual entre dos combatientes aislados que se batían en duelo, un contexto bélico entre campeones durante una batalla y los modelos de combate. La finalidad de este tipo de enfrentamientos era evitar una batalla a mayor escala. El término «amplificado» implicaba el aumento de una magnitud.
En la actualidad, sin embargo, hablaríamos de un duelo entre dos bandos y la amplificación implicaría la existencia de más de un protagonista dentro de cada bando. Por ejemplo, en el caso del actual ataque de Irán por parte de Netanyahu y Trump, se trata de la actuación de dos psicópatas descontrolados en uno de los dos bandos y la de un grupo de ayatolás asesinos y sádicos en el otro. Difícilmente puede este tipo de de hostilidad evitar una batalla a mayor escala.

¿Qué objetivos persigue una guerra?
El principal es que cada bando quiere someter al otro a su voluntad mediante la fuerza, que el medio del cual se vale y que está directamente relacionada con la tecnología utilizada.
La ilusión de las diferentes facciones es abatir al enemigo para incapacitarlo, de manera que no puede ejercer ningún tipo de resistencia. La obsesión, pues, es obligar al contrario a hacer cumplir la voluntad propia. No obstante, la historia nos ha demostrado en abundancia que en poquísimas ocasiones se ha conseguido este objetivo y siempre en ámbitos muy locales.
Si nos detenemos en la guerra iniciada por Netanyahu y Trump contra el Gobierno de los ayatolás iraníes, hay dos objetivos fundamentales. En el caso de los EEUU, el primero es controlar el petróleo y el gas iraníes para quedárseolo, porque están entre las fuetes más caudalosas del planeta. El segundo, imperdir que lleguen a China, principal clienta de estos productos iraníes, para arruinarla. Es decir, intentar matar dos pájaros de un tiro: robarle a un país sus bienes e impedir que China les haga sombra. En el caso de Israel, expandir su poder territorial, económico y político por toda la región y destruir a todos sus enemigos.
Entre los secundarios, terminar con el régimen político de los ayatolás, porque obstaculiza las aspiraciones fundamentales. Curiosamente, fueron los mismos EEUU quienes le dieron apoyo para quitarse de encima al Sha, cuando ya no les convenía y al cual también habían instalado en el poder con la colaboración del MI5 británico para derribar en 1953 al único gobierno democrático que ha existido en el país —el de Mohammad Mossadeq.

¿Qué factores aparecen durante las guerras?
Uno de ellos es la «benignidad», que siempre es defendida por alguien. Resulta muy paradójico, porque puede dar lugar a errores muy perjudiciales. Sugerir moderación en una guerra que persigue el sometimiento del enemigo al precio que sea y que utiliza la fuerza como medio no tiene sentido. No he conocido ninguna guerra «moderada».
Se puede constatar que el «fuel» de todo conflicto bélico es la hostilidad, que se aplica al sentimiento y a la intención. El primero le proporciona energía al ataque y el segundo la seguridad de que habrá un triunfo. En el caso de Irán, el sentimiento hostil de Netanyahu y Trump se alimenta de la negativa del régimen de los ayatolás a someterse a los designios de sus invasores y la intención hostil deriva de su confianza en los medios con que cuentan para conseguir el triunfo: las armas y la revuelta de una población oprimida por el régimen político talibán iraní.
La hostilidad siempre acompaña a las guerras y tiene un carácter eminentemente irracional. Se manifiesta a través de las armas utilizadas, que están al servicio del sometimiento del enemigo.
La irracionalidad de la guerra como acto de fuerza impide la existencia de límites, excepto aquellos que el contexto permite. Los únicos que se imponen son los basados en la calidad de la oposición. Aquí entrarían las armas defensiva o los ataques a la población civil, cada vez más extendidos y sin tener en cuenta ningún principio de legalidad internacional por eso son mayores, más radicales y más brutales. Lo hemos visto en Gaza y lo estamos viendo en Irán, y cada vez más países implicados en la contienda. Y son cada vez más sanguinarios e inhumanos porque el objetivo máximo es el desarme y el abatimiento después del enemigo. No importa cuántos muertos caigan en el camino.

¿Por qué se produce una guerra?
Porque se desencadena un choque entre dos fuerzas «vivas». Si no lo fuesen ambas, no habría enfrentamiento.
Lo podemos constatar en la invasión trumpista de Venezuela. No encontró oposición porque una de las partes no respondió. Motivos para no hacerlo, hay un buen puñado. Convendría analizarlos.
Sin embargo, en el caso de Irán, tanto el Gobierno como una parte sustancial de la población se han negado a someterse sin negociaciones a los ataques sionistas y yanquis.
En definitiva: se tracta de una acción recíproca en que un bando se plantea abatir al contrario porque, si no, puede empezar a prepararse para ser abatido.
Este choque a dos bandas genera una fuerza que se reparte entre el esfuerzo que ponen los que atacan y la resistencia de quienes se le oponen.
El esfuerzo aplicado por trumpistas y sionistas se ha basado en herramientas aéreas para asesinar a la población civil y a dirigentes y asolar territorios y construcciones claves. En cuanto a la resistencia opuesta por los iraníes, ha consistido en esconderse, huir del país (no enfrentarse al Gobierno…), utilizar herramientas de rechazo y atacar territorios en manos de los invasores o de sus socios. Ahora bien, no se trata de una sola vía de actuación: unos atacan y los otros se defienden. Los que atacan pueden convertirse en resistentes a su vez y viceversa. El gran peligro es que esa situación se generalice, porque implica una prolongación bélica que no favorece ni a los ciudadanos del mundo ni a los litigantes —sí a los fabricantes de armamento—, aunque es lo que suele ocurrir generalmente.

¿Es la guerra un acto aislado, simultáneo o repentino?
No se conoce ningún caso en la historia escrita de la humanidad. Ni la aparición ni la extensión son obra del momento. Ciertamente, los contrincantes que participan en un conflicto bélico lo juzgan de acuerdo con lo que viven en su momento presente y pocas veces tienen en cuenta por qué y cuándo se originó.
En el caso de Irán, ¿podemos hablar de febrero de 2026 o de junio de 2025? ¿del triunfo de la revolución de los ayatolás en 1979? ¿del golpe de estado estadounidense y británico en 1953 contra el único Gobierno democrático de Persia para imponer al Sha como un títere?
Asimismo, ¿los motivos que provocaron el golpe de estado de 1953 eran los mismos que facilitaron la caída del Sha a manos de los ayatolás gracias al apoyo estadounidense? Los de ahora, controlados por sionistas y trumpistas, ¿son los mimos que los de 1979?
Solo los historiadores y los analistas bien documentados y con intencionalidad objetiva pueden hacer un seguimiento más seguro de los orígenes y la evolución de una guerra. Y esperar que los que tienen el poder faciliten su comunicación veraz al público general.

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