Este post también aparece escrito en catalán para la Revista Saó: https://revistasao.cat/2piratestecnologics/
En menos de 25 años, Apple —la primera—, Facebook, Tesla, Alphabet, Amazon y Microsoft han superado el billón de dólares (mil millones de euros).
Fue de los primeros en llegar gracias a su creación de una plaza pública virtual.
Cuando se «inauguró», consiguió atraer a la gente porque allí pasaban y se contaban cada vez más cosas. Así que no tardó en llenarse. Pero, ¿cómo consiguió que se llenase tanto y tan rápidamente? Estimulando a la gente para que contase historias y subiese imágenes.
Sin embargo, Zuckerberg, su creador, no había sido un «pionero» en Internet. Otras empresas lo habían precedido, pero no consiguieron rentabilizar los servicios que proponían porque la gente tenía que pagar por ellos. La solución pasaba por ofrecer prestaciones que supusiesen un «coste cero» para los clientes. Entonces, ¿qué sentido tenía entrar en las redes sociales si no se obtenían beneficios? Zuckerberg encontró la solución: convencer a dos mil millones de personas de que le regalasen su tiempo trabajando para él —sin saberlo ellos, claro—, ya que el trabajo es un producto de valor, como el dinero. ¿Y en qué consiste el trabajo de los usuarios de «Facebook Square»? En contar sus penas, alegrías y pensamientos —incluidos los más íntimos— y en mostrar su vídeos y fotos más personales. En síntesis: todo lo que constituye su existencia.
Más adelante, el «mago de las triquiñuelas» constató —o alguien a su servicio tan astuto como él se lo hizo ver— que la plaza se llenaba todavía más —es decir, conseguía más «visitas»— si conseguía que los usuarios aportasen contenidos ofensivos, polarizados, extremistas y polémicos. Porque los peores contenidos desde el punto de vista social son los que más tráfico generan. Así que una nueva remesa de «esclavos» visitó su plaza, entró a su servicio y facilitaron que los objetivos del «Big Lord» se cumpliesen. A partir de ese momento, «Facebook Square» se llenó de tugurios.
Ahora bien, hay algo que sorprende a quien lee las barbaridades que se publican en Facebook o X (antiguo Twitter) y le queda una pizca de sentido común. ¿Cómo es posible que sus usuarios puedan decir, escribir y subir las imágenes que quieran —siempre que no sean manifiestamente pornográficas— y los medios de comunicación tradicionales y las editoriales no? Porque, si lo hiciesen, podrían ser multados con cuentas millonarias.
He aludido a un veto en las redes sociales: la publicación de contenidos pornográficos. De hecho, existe una ley que regula dicha prohibición y es por ahí por donde entró una nueva artería de Zuckerberg, porque elaboró una normativa que protegía sus intereses: ningún proveedor o usuario de un servicio interactivo telemático debía ser considerado editor o portavoz de las informaciones que producían sus «esclavos». Es decir, los terceros proveedores de contenidos. La consecuencia más nefasta de dicha normativa ha sido la proliferación y triunfo de los «fakes» que padecemos y que aún crecerán más gracias a la IA y los objetivos de las «Big Tech».
La pregunta que me planteo a continuación es por qué los políticos no anulan dicha normativa y siguen manteniéndola tras 25 años. ¿Quizás porque intoxicar todos los ámbitos de la vida pública y favorecer a las «Grandes Vampiras Tecnológicas» terminarà beneficiándolos a ellos?
Créditos verdes
En realidad, se crearon para que los países que más contaminan pudiesen seguir haciéndolo. A cambio, tenían que comprar dichos créditos a los que no contaminan o contaminan poco. Estos últimos no lo harán, pero los primeros sí.
Sin embargo, el objetivo real era reducir la emisión de CO2 —uno de los máximos agentes contaminantes del planeta y, por tanto, responsable del cambio climático y de la muerte de cada vez más personas, no lo olvidemos—, pero se han convertido en una auténtica trampa para acabar con dicho cambio y en un pasaporte a la fortuna a quienes se les conceden.
Uno de sus máximos beneficiarios ha sido Mr. Tesla; es decir, Elon Musk. Tanto que, si Apple llegó la primera al billón, Tesla ha sido la segunda. Y eso en medio de la más grave crisis del siglo XXI hasta el momento: la pandemia por COVID. A pesar de que la gente no estaba entonces para gastarse alrededor de 50.000 dólares por un coche, ni tampoco ahora, creo…
Como la industria automovilística es una de las que más contamina, se le conceden muchos créditos verdes. En EUA1, cada crédito verde equivale a 3.300 dólares, que suponen 100 km. Por tanto, si un fabricante de coches declara que sus vehículos tienen una autonomía de 320 km —como el modelo 5 de Tesla— le tocan casi 10.000 dólares por vehículo. Musk aprovechó esta especie de regalo de Navidad, pero extensible a todo el año, convirtiéndose en billonario sin hacer demasiados esfuerzos. Cabe añadir que sus conocimientos acerca de los VE2 no le han costado tampoco mucho dinero, porque se ha aprovechado de los centros de investigación, que reciben ayudas estatales importantes, y, por tanto, pagados con nuestros impuestos. Después, los neoliberales dicen que el mejor método para crecer y aumentar la riqueza es mediante las inversiones privadas. Debe de ser cuando nos las cobran a nosotros.
Finalmente, la decisión de Mr. Tesla de trasladar su emporio a Texas para no pagar impuestos sobre la renta aún lo ha hecho más rico. De ahí que haya llegado tan pronto al primer billón.
Ahora ya sabemos en qué consiste la «cultura del esfuerzo» para esta gentuza.
1Estados Unidos de América.
2Vehículos Eléctricos.