Este post es posterior a su publicación en la REVISTA SAÓ:
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El pueblo palestino, como cualquier otro pueblo del mundo expulsado de su territorio, tiene derecho a volver, no solo aquellas personas que salieron a partir de 1948, sino también sus descendientes. Solo consiguiéndolo, como lo han conseguido otros pueblos expulsados de sus tierras y hogares, se podrá construir un Estado verdaderamente democrático, una Palestina que acoja a todos sus habitantes de forma igualitaria.
¿Tan complicado es? ¿Tanta sería la gente que volvería que se crearía el caos? ¿De cuánta gente estamos hablando? De acuerdo con cifras perfectamente constatadas, por lo que respecta a la población refugiada, podrían ser cerca de seis millones de habitantes; ahora bien, la cifra de palestinos de la diáspora, instalados sobre todo en EEUU (California e Illinois principalmente) y Sudamérica (Chile especialmente) es más difícil de calcular, pero no imposible e, indudablemente, se podrían resolver todos los problemas con una auténtica buena voluntad.
Israel siempre se ha opuesto al retorno de los palestinos
Y eso que este derecho ya se estipuló en diciembre de 1948 y, de hecho, es una de las condiciones indispensables para una paz futura.
Desgraciadamente, los gobiernos de Israel han puesto todos los medios a su alcance para que no se cumpliese. Entre otros, arrasando todos aquellos lugares a los que los palestinos podrían volver.
Pero no solo Israel es culpable. Hay organismos, como la United Nations Relief and Works Agency (UNRWA), creada por la ONU, que mostró una actitud muy ambigua, como en el ámbito educativo, puesto que obstaculizaba cualquier relato nacional verídico sobre el pueblo palestino. Mientras tanto, las víctimas han sido siempre los refugiados palestinos, que solo han encontrado obstáculos para instalarse en otros países árabes.
El interrogante es: si el derecho al retorno no supuso ningua controversia al principio, ¿por qué se ha convertido en uno de los obstáculos que impone Israel para el «proceso de paz», que siempre ha rechazado este derecho? Básicamente, porque se trata de un «miedo demográfico», ya que, cualquier retorno significativo de la población palestina cambiaría el equilibrio demográfico de Israel, pensado y creado para ser un Estado judío, pero, no olvidemos que también democrático, y no está dispuesto a consentirlo por muy salvajes que sean las medidas que tomen, ya que teme que la democracia implique una igualdad de derechos para todos los habitantes de Palestina que aminore el poder de los judíos.
En efecto, mantener de forma artificial la mayoría judía ha supuesto fuertes prohibiciones a la migración y ha favorecido una política sionista basada en el racismo. Además, negarse a permitir que las familias palestinas se reuniesen e impedir que vuelvan a su tierra son violaciones del Derecho Internacional, razón por la cual podemos afirmar que Israel no es un Estado democrático. Por eso tan solo aceptan la existencia de dos Estados, porque así no tienen que absorber a la población palestina.
Pero la solución no es la existencia de dos Estados, sino de un Estado que se base en la equidad y no en el apartheid y la segregación, con clo cual desaparecería la limpieza étnica y la opresión, y facilitaría la descolonización y la reconciliación.
El derecho de la población palestina a volver a sus hogares implica la anulación de uno de los castigos más crueles que se le puede imponer a un pueblo: el exilio forzado. Y no se trata tan solo de una exigencia, sino también de un derecho internacional y moral.
Proyectos para el retorno
Los hay de muy factibles, pero poniendo buena voluntad.
Una serie de minuciosas investigaciones han constatado que la mayoría de las tierras y porpiedades que pertenecen a millones de personas palestinas refugiaas y a su descendencia aún están relativamente deshabitadas. En efecto, la mayor parte del espacio original, tal como era en 1948, continúa todavía vacío. Con una actitud receptiva por parte de quienes vuelven i de quienes viven facilitaría la realización del proyecto.
Otra fuente importante son los Principios Pinheiro. Uno de ellos estipula que «Todas las personas refugiadas y desplazadas tienen derecho a un retorno voluntario, con dignidad y seguridad, a sus hogares y tierras habituales, originales o anteriores».
Para la resolución del conflicto, la devolución de viviendas, tierra y derechos de propiedad, así como el derecho al retorno son esenciales.
Otro de los Principios Pinheiro dice que «los Estados permitirán que las personas refugiadas y desplazadas que deseen volver voluntariamente a sus antiguos hogares, tierras y lugares de residencia habitual así lo puedan hacer».
Se trata de principios basados en la relación entre la justicia restaurativa, la devolución y el retorno.
Por su parte, el Estado tiene la obligación de proporcionar protección a quienes decidan volver y ayuda legal a quien lo solicite.
Sin embargo, el Estado de Israel no puede desarrollar estos derechos porque continúa comprometido con el proyecto sionista, que estipula que los derechos humanos de la población judía tienen preferencia sobre los derechos humanos de la población palestina, por eso no asumirá nunca ninguna responsabilidad; es necesario, pues, una desionización del Estado.
Dos son los argumentos del Gobierno sionista contra el retorno del pueblo palestino. El primero, que en 1948 los palestinos no fueron expulsado de su tierra, sino que decidieron huir y abandonaron «voluntariamente» sus hogares. El segundo, defendido por el sionismo liberal, es que no se puede resolver un mal creando otro, que ellos entienden que sería expulsar a los judíos que residen en propiedades palestinas.
Alternativas posibles a la obcecación sionista
Hay bastantes que potencian el derecho al retorno sin desmejorar a los judíos y crear un Estado para el futuro. Consiste en prepararse adecuadamente y absorber a la población refugiada. ¿Cómo? Invirtiendo en una vivienda adecuada y una infraestructura de trabajo antes de producirse.
Negarle al pueblo palestino el derecho al retorno es no querer ver que eso mismo se ha producido a lo largo de la historia en otros territorios: Ruanda después del genocidio, Chipre después de la guerra civil entre turcos y griegos y Bosnia después del genocidio entre 1992 y 1995. Y hay todavía más…
1 Este artículo ha tomado la información de los escritos de Ilan Pappé.