ISRAEL, UN «CÁNCER» POR ERRADICAR

7 de abril de 2026

Este artículo ha aparecido primero en la Revista Saó: https://revistasao.cat/israel-un-cancer-a-erradicar/

Paralelismos entre Argelia-Palestina y Francia-Israel
Hasta cierto punto, el comportamiento del Estado de Israel con el pueblo palestino me recuerda al del Estado francés con el pueblo argelino. En el caso de Francia, gracias a su imperio —sobre todo Argelia y Marruecos—, terminó en el bando de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Por eso, el Estado francés veía las colonias como una especie de reserva política y supervivencia estatal. A los factores históricos, sentimentales y políticos se añadió el económico en 1956, cuando se descubrieron yacimientos de petróleo en el Sáhara argelino. A pesar de la brutal represión ejercida por el Gobierno francés de entonces y su ejército durante una guerra que duró ocho años (1954-1962), Argelia consiguió, finalmente, la independencia. La guerra no duró más por la grave crisis que atrevesaba Francia. También Israel pasa una ahora mismo.
El caso francés, como otros parecidos que se han producido a lo largo y ancho del mundo, nos permite concluir que un Estado al borde del abismo puede ser derrotado muy rápidamente, a pesar de que su potencial económico y bélico no lo parezca. Ahora mismo, Israel es un «cáncer» que intenta expandirse al precio que sea con tal de no hundirse y, por tanto, hay que erradicarlo.

Estados que desaparecen, Estados que son sustituidos y Estados que evolucionan
Si analizamos la historia de los Estados a partir de su constitución en la Edad Moderna, constatamos que no es habitual que desaparezcan con facilidad. Sin embargo, cuando ocurre, puede producirse de manera radical. El proceso empieza con su desintegración y termina con su desaparición. Ocurrió en la antigua Yugoslavia y en Vietnam del Sur.
Ahora bien, no les ocurre a todos los Estados. Los hay que son sustituidos por otros. Como los que han sufrido una dictadura desplazada por una democracia burguesa. Entre nosotros, el franquismo. En otros como Portugal, Chile, Argentina, Irak, la República de Sudáfrica…, un régimen ideológico fue relevado por otro. En el último caso, además, hubo otros factores distintos del meramente político: el apartheid de blancos racistas de origen europeo que ocuparon el territorio de negros oriundos. Como los judíos en Palestina. En general, sin embargo, los Estados tienden a evolucionar.

¿Por qué utiliza Israel la violencia extrema?
Porque tiene un buen fajo de billetes de lotería para sucumbir. El primer «billete ganador», si los ciudadanos judíos no se replantean un cambio de estructura. Síntoma de que no están haciéndolo fue el devastador ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023, que corroboraba que la situación de Israel no había estado antes nunca tan incierta; con todo, era la respuesta lógica a la elección del gobierno más derechista de la historia de Israel en noviembre de 2022.
La historia se empeña en demostrar que la supervivencia de un Estado basado en la opresión máxima —Israel con los palestinos, Sudáfrica con los negros o Francia con Argelia— depende de la brutal violencia con que actúe. Incluso, no solo dentro de sus fronteras, sino también en Estados vecinos donde viva población huida del país oprimido o haya fuerzas afines a las víctimas. Son los casos del Líbano, Irán, Siria o Irak. Israel ataca estos territorios porque quiere evitar que sus vecinos lo hagan retroceder o abatirlo y hacerlo desaparecer.
Hay un buen puñado de estrategias para ejercer la violencia extrema. Una es que el Gobierno israelí le haga chantaje a Trump: si no lo ayuda contra Irán, destapará sus sucios «trapos sexuales» que lo vinculen a Epstein. Podría perder la presidencia y terminar en prisión. Conviene recordar que Ghislaine Maxwell, pareja de Epstein, era hija de uno de los máximos colaboradores occidentales del mossad israelí.
Indudablemente, la población oriunda atacada por Israel es la que está cargando con la peor parte, aunque Israel termine despareciendo. No solo la palestina; también la libanesa, donde alrededor de un millón de personas han tenido que abandonar viviendas, formas de vida y oficios, y se han convertido en refugiados

Industria petrolera, fabricantes de armas y «señores tecnofeudales»
Son los tres sectores interesados en poteciar la guerra iniciada por Israel y Trumpo. Las ganancias son inmensas. Por cierto, hay lobbies sionistas implicados.

¿Uno o dos Estados? Optar inadecuadamente provocará más violencia
Hay quien defiende un único Estado democrático para palestinos e israelitas y quien defiende dos separados por fronteras.
La primera opción sería la acertada si, a pesar de no parecerlo, Israel hubiese empezado a desaparecer como Estado. Significaría que su ideario geopolítico ha fracasado.
Desafortunadamente, eso crearía un vacío muy peligroso porque provocaría una violencia más brutal si cabe que la presente. En efecto, Israel me recuerda ahora mismo a una bestia herida de muerte que no quiere morir sin antes haber matado, caiga quien caiga, aunque su violencia se extienda por todo el planeta. Por tanto, la mejor manera de evitarlo sería llenar ese vacío lo más pronto posible.
Además, el Estado hebreo lleva décadas tensionando toda la región para evitar ser destruido provocando la creciente desintegración de los Estados vecinos: Siria ja se ha desintegrado, el Líbano es un Estado fallido y el «apocalipsis» empezó hace tiempo en Irak, Yemen, Sudán y Libia.

¿Qué dicen las comunidades internacionales?
Es fundamental saber qué piensan y cómo actuarían la comunidad internacional, la de refugiados palestinos, la judía de todo el planeta, las corporaciones multinacionales, los sectores petrolíferos y tecnológico, la industria armamentista y la de la seguridad.
Si el Estado sionista israelita está empezando a desintegrarse, es necesario huir de la actitud catastrofista y centrarse en la esperanzadora porque es la única que nos permitirá sobrevivir, aunque la bestia revolcándose en la sangre de sus víctimas haya internacionalizado su agonía.
Con todo, las primeras señales que nos llegan de las diferentes comunidades no pueden ser más descorazonadoras, porque el clima de desesperación —consecuencia de la violencia extrema que acompaña a la masacre actual y que está extendiéndose como la pólvora por la región— es una amenaza grave para nuestra especie si no se detiene. Pero el Estado de Israel se niega a aceptar la descolonización y la liberación de la población palestina, necesarias para deterner el conflicto, y han optado por la violencia para sustentar un mayor grado de injusticias.
Es necesario, pues, trabajar por una transición pacífica y un futuro constructivo que compense a las víctimas y tranquilice a los victimarios para que no se conviertan en víctimas. Y, sobre todo, es necesario que todo el mundo sepa que el Estado judío se cae a trozos, como saben los que no lo quieren contar. Ahora bien, lo importante no es saber que se está cayendo, sino qué hacer para llenar el vacío que dejará cuando caiga, porque el resultado podría ser devastador.
En cuanto a los gobiernos occidentales ante el genocidio que Israel está perpetrando contra los palestinos, que dejen de ignorar una realidad que no evita la culpabilidad de quien lo permite ni las consecuencias que eso puede implicar.
Por lo que respecta a los grupos palestinos del mundo, deberían adoptar decisiones estratégicas nuevas y apelar a la justicia de la sociedad judía de Israel y la exterior. También incriminar la parte de responsabilidad que les corresponde a los grupos cristianos que defienden a Israel, a la industria militar y a las instituciones finacieras internacionales.

El mensaje es claro: autodeterminación y libertad versus fuerza y violencia
Ante la caída de Israel, la indecisión es un lujo que ningún sector se puede permitir.
La política británica desde 1917 en Palestina ha de ser definitivamente neutralizada y sustituir la fuerza i la violencia de la sociedad colonizadora judía por la autodeterminación y la libertad de la población indígena en su tierra natal.
Todas las comunidades deben esforzarse en terminar con más de un siglo de limpieza étnica, ocupación y genocidio.

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